
El lunes murió a los 95 años el teólogo y pensador Enrique Miret Magdalena. Sólo he leído un libro suyo que se llama "La vuelta a los Valores" y siempre lo he tenido muy presente.
Este teólogo seglar, entusiasta estudioso e investigador, padre de 7 hijos, humanista y hombre sabio, personalidad de curiosidad insaciable, me sorprendió por la profundidad y la libertad que trasmitía en este libro. También lo hizo su estilo narrativo: sencillo, familiar, limpio.
Enrique Miret era católico pero defendía un catolicismo personal alejado de los mensajes de gran parte del clero y en su suave, medida y pensada heterodoxia defendía un acercamiento de la Iglesia a los tiempos que vivimos y a una conciliación con otros credos. Su pensamiento conduce a la búsqueda de la felicidad a través de una ética sana fundada en el encuentro de la dignidad humana y de sus valores.
En el encontré un ejemplo, una gran influencia, un entusiasmo contagioso, la capacidad de criticar desde el respeto que solo los sabios dominan, mucha verdad y mucha sabiduría.
Que descanse en paz.


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